
Aquí está este retrato al óleo, hecho por mis manos. Donde esta niña no posa, sino nos habla, con su actitud desde la protección de la dolorosa mano de su madre.
Este y otros cinco, con un tema similar, los realicé a partir de una selección de seis fotografías del excelente fotógrafo Steve Mac Curry, a quien espero no agraviar al tomar su trabajo y a su modelo como base, porque lo admiro profundamente y se los muestro para agradecer sus enseñanzas a mis maestros:
A mi joven amigo Tarcio quien me puso en contacto con el óleo, me regaló los colores de la piel y compartió conmigo largas horas de entrañable charla, a Raquel que me dió la primera lección de dibujo y se gozó conmigo en el descubrimiento de esta habilidad insospechada. Y también para Gabriela que hoy me enseña desde su blog, con sus palabras y pinturas, a interpretar el retrato y los estilos. También a Nora, la de la fugaz aparición (en porque yo así lo quise) porque a partir del siguiente martes, irá conmigo a clases de dibujo y pintura y no me engaña, va a ir, sólo por animarme.
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Gracias mi Gaby querida por tu consejo, he quitado la fotografía y dejado mi pintura, aunque no logro aún mostrar mi visión de la realidad y pensaba que el único mérito de mis manos era lograr el parecido, por eso había subido ambas.
Cuando pinto, por ejemplo en este caso, mientras mi pincel recreaba su dulce sonrisa, le hablaba para decirle lo bonita que es, preguntarle si el fotógrafo la había asustado, le pedí perdón porque no lograba captar el brillo de sus mejillas, y la forma tan especial en que entreabre sus labios, ese delicioso gajo de mandarina. Así que hablo y hablo como loquita, mientras intento retener para llevarla dentro de mí, además de su mirada, lo que ella sentía cuando fue retratada. Todo sin poder olvidar un sólo momento, la protagónica mano de su madre que a través de su aspecto, me habló sin palabras de lo que es su entorno y su difícil vida.
Por eso megusta el retrato, porque hablar con el modelo es algo que siempre hago, le platico porque no puedo atraparlo si estoy callada, así que ya imaginarás que parezco loquita, pintando vestida con un camisón viejo y hablando sola. Por eso no podría pintar naturaleza muerta, no me dan ganas de hablarle. Pero si me emociona mucho el paisaje, aunque todavía me declaro incapaz, porque entonces intentaría hablar con Dios mientras pinto (semejante atrevimiento) haría del momento de mi pintura una especie de oración, que aún no me atrevo a hacer porque la belleza me abruma y la encuentro en una piedra que se deja pulir por el río ¿cómo entonces llego a plasmar el canto del agua?
El día que mi niña interior logre salir a jugar con los pinceles, así como se puso a hacer poemas un día, otro gallo me cantará, porque ella verá con unos ojos frescos, parecidos a los tuyos. Quien mantiene el espíritu de niño ya sabes que incluso entrará al reino de los cielos y tú lo mantienes, pero mi niña ha estado atrapada mucho tiempo, incluso dentro de un cuadro. Así que por favor, sigue regalándome tu consejo, ya verás que así lograré que salga la niña.
Sabes qué Gabi, releyendo por no se qué vez lo que te escribí, reflexioné y agregué este párrafo, porque acabo de darme cuenta que tienes toda la razón, debo dejar la fotografía, al menos la ajena, porque mi pintura es en realidad un homenaje al fotógrafo, que estoy cierta de que captó a la niña, porque le dijo lo que yo escuché y mucho más; él vivió ese momento no yo, es suyo no mío. Lo que he hecho con sus fotografías ha sido algo así como la traducción de un poema a otro idioma, que debe ser lo más fiel posible, aunque el traductor, al hacer su trabajo se convierta en poeta, pero es un poeta sin libertad, porque el poema no es suyo, sólo lo interpreta pero con la limitación de respetarlo. Así que al menos, me lanzaré a tomar mis propias fotografías para pintarlas.
Te quiero mucho mi Gabi y te escribí aquí para completar mi homenaje y también para que veas que atiendo a lo que me dices, además, en los comentarios mi respuesta hubiera sido kilométrica.
Gracias otra vez, por tus enseñanzas que ya vez que no caen en saco roto, ya te lo diría Raquel si se conocieran; que soy una esponjita.